De cualquier adhesión o vicio podríamos escuchar al día de hoy, pero hablar de la adicción al deporte ya es un paso más en el descubrimiento del comportamiento humano.

Aunque el fenómeno de la adicción al deporte se descubrió de forma bastante casual en 1970, no es algo muy conocido.

Sobre la adicción al deporte, el médico neoyorquino Frederick Baekeland quería investigar si hacer mucho deporte favorecía el sueño profundo.

En tal sentido, ofreció dinero a corredores apasionados que entrenaban a diario. A cambio, debían dejar de hacer deporte durante un mes.

La mayoría de ellos se negó, incluso cuando el científico les ofreció grandes sumas de dinero.

En tal sentido, Baekeland acuñó el término «adicción al deporte».

Actualmente hay más de 1.000 artículos científicos sobre el fenómeno, y la investigación ha despegado realmente en los últimos cinco años.

Lee acá: Shohei Ohtani en la élite de los deportistas millonarios del mundo.

Cómo sabemos que tenemos adicción al deporte

¿cuándo exactamente la pasión por el deporte se convierte en adicción?

«El deporte puede desempeñar un papel central en la vida, pero no debe ser la única prioridad», afirma la deportista extrema Flora Colledge.

Las personas comprometidas con el deporte tienen objetivos claros pero, a diferencia de los adictos, también pueden sobrellevar bien las pausas en el entrenamiento.

«Tomarse un día libre está bien y no provoca síndrome de abstinencia. Los adictos al deporte, en cambio, manifiestan ansiedad grave y síntomas depresivos severos, incluidos pensamientos suicidas, si no pueden entrenar con regularidad», dice Colledge.

También, la adicción al deporte es conocida como Vigorexia, y es una compulsión interior por hacer ejercicio a toda costa y no reducir nunca la intensidad es una de las principales señales de alarma.

La vigorexia o adicción al deporte es un trastorno mental en el que el individuo se fascina por su estado físico de manera enfermiza y adictiva.

Estos individuos desarrollan un criterio errado de ellos mismos, viéndose siempre en pésimas condiciones físicas.

Este trastorno influye directamente en su alimentación y en cada hábito de su vida diaria; lo que exteriorizan, infringiéndose métodos drásticos de rutinas físicas, exageradas, dejando atrás sus actividades sociales y renunciando a desarrollar otros aspectos de su vida, para consagrarse a entrenar.

Esta adicción al deporte se acompaña con el consumo desmedido de proteínas y carbohidratos, así como de esteroides que aumenten su masa muscular queriendo conseguir un cuerpo musculoso y perfecto.

El individuo se somete a la práctica de arduo ejercicio físico durante periodos muy largos y un estricto control del alimento, que se basa en consumir solo aquellos que le ayuden a ganar masa muscular.